¿Por qué hablar del impacto en carbono de tu estrategia CRM? Aunque la contaminación generada por el sector digital no sea directamente visible, su impacto en carbono no por ello deja de ser real.
Veamos un poco las cifras. Un estudio de la ADEME (la Agencia de la transición ecológica) indica que lo digital sería hoy responsable de alrededor del 4% de las emisiones de gases de efecto invernadero, es decir tanto como el sector de la aviación. Pero se trata sobre todo de un sector en crecimiento exponencial cuya huella podría duplicarse de aquí a 2025.
Dentro de ese 4%, el reparto de las emisiones es el siguiente: cerca del 25% de las emisiones se debe al almacenamiento en centros de datos, el 28% a las infraestructuras de red y el 47% a los equipos (ordenadores, smartphones, pantallas...). Cuando hablamos de lo digital, ¡es la fabricación de tus terminales la que más pesa!
¿Y los emails en todo esto? Si el impacto en carbono de los emails es sin duda del que más se habla... la realidad estadística muestra que los emails supondrían alrededor del 1% de las emisiones del sector digital en su conjunto. ¿Y cuánto es el 1% del 4%? Te dejamos hacer el cálculo.
No es por tanto solo el hecho de enviar emails lo que hay que cuestionar, sino más bien la multiplicación de nuestros usos digitales en su conjunto y su pertinencia global. Para entender mejor este tema, te recomendamos la lectura del artículo de Sami al respecto: "Huella de carbono de un email: mitos, realidades y soluciones".
Y mucho más que su sola conservación en el tiempo, es toda la cadena de creación de un email la que tiene un impacto: desde su redacción en un terminal hasta el almacenamiento, pasando por su lectura o incluso su transporte del remitente al destinatario. Existen trucos para limitar el peso de cada una de estas fases. Compartimos contigo nuestros consejos para una estrategia CRM mejor pensada.
Todavía son demasiados los espacios culturales y deportivos que envían una newsletter mensual o semanal a una gran base de destinatarios formada a lo largo de los años, sin tener en cuenta su compromiso y su reactividad ante esos envíos. Entre esos destinatarios hay por tanto demasiados contactos que ya no abren esas newsletters.
La primera buena práctica imprescindible consiste en implantar una política de gestión de los inactivos, que puede aplicarse a intervalos regulares o de forma continua y automatizada. Se trata entonces de identificar a los contactos que ya no abren sus emails (generalmente desde hace 6 meses). Se les puede enviar un último correo destinado a reactivarlos antes de apartar a todos los contactos que no hayan reaccionado.
Esta mecánica está implantada por los clientes de Arenametrix. Además del impacto medioambiental, una buena gestión de los inactivos tiene un impacto económico (reducción del número de créditos de email necesarios para cada envío) y un impacto claro en términos de rendimiento, con un aumento de las tasas de apertura de los siguientes envíos que puede alcanzar los 5 puntos porcentuales en algunos casos.
Una newsletter menos pesada es también una newsletter más rápida de concebir y menos costosa de almacenar. Puedes actuar sobre varias palancas para aligerar el peso de tus emails:
De manera general, la optimización del peso de los emails es un objetivo a alcanzar en toda estrategia CRM, y ello con un triple interés: entregabilidad, engagement con tus destinatarios y reducción del coste en carbono de tus campañas.
El vídeo en línea es un formidable canal de comunicación para los sectores cultural y deportivo... pero su uso no es neutro en carbono.
Aquí van 2 cifras interesantes:
Ya sea en tus newsletters o en las redes sociales, el vídeo debe utilizarse por tanto con criterio. No lo integres de forma sistemática, sino únicamente cuando sea el medio más pertinente para transmitir tu mensaje.
El email tiene un impacto en carbono innegable, pero la buena noticia es que no es el único canal de comunicación de tu estrategia CRM. Existe en particular un modo de comunicación mucho menos consumidor de energía que el email: el SMS.
Un investigador británico, Mike Berners-Lee (su hermano Tim es conocido por ser uno de los principales inventores de Internet), se interesó por la cuestión del impacto en carbono de los modos de comunicación en su obra How bad are bananas? The carbon footprint of everything.
Compara el impacto de un email y de un SMS. Mientras que un email corto produciría 4 g de CO2, el SMS tendría una huella de carbono de 0,014 gramos, es decir cerca de 300 veces menos. ¿La razón principal de esta diferencia? Los SMS se transportan por las tecnologías de las redes telefónicas y no por internet. Cuidado, en todo caso, con el contenido: el cálculo se basa en el ejemplo de un SMS de 160 caracteres sin contenido multimedia.
¿Una información de última hora que enviar a tus visitantes?
No solo el SMS se abrirá prácticamente al 100%, sino que además tu acción tendrá un coste en carbono menor.
De manera general, numerosos usos del email pueden sustituirse por un canal de comunicación menos costoso en carbono que el email: por ejemplo, ¿has pensado en el chat con una persona o en el chatbot para dialogar con tus públicos?
Ya lo mencionábamos en la introducción: la mitad del impacto en carbono de lo digital procede de la fabricación de los terminales. Más allá del coste de almacenamiento de un email, es el equipo informático que utilizas en el marco de tu estrategia digital el que tiene un impacto en carbono (su construcción, su amortización y la energía necesaria para hacerlo funcionar).
En este marco pueden implantarse varias buenas prácticas en tu organización:
Como empresa emisora de campañas de email, tienes el poder de actuar tomando la palabra ante tus destinatarios para sensibilizarlos sobre el coste en carbono de lo digital.
Puedes por ejemplo añadir una mención al final de tus campañas en la que animes a tus destinatarios a borrar tus emails una vez leídos. Y hacer que la baja sea fácil y bien visible para quienes ya no deseen recibir tus comunicaciones.
También puedes apoyar las iniciativas innovadoras destinadas a limitar el coste en carbono del email, por ejemplo uniéndote a las empresas que apoyan el proyecto "email expiration date", cuya idea consiste en borrar automáticamente los emails comerciales de los buzones receptores tras un cierto tiempo de almacenamiento. En efecto, los emails comerciales tienen generalmente una vida útil muy corta y, sin embargo, ¡miles de millones de ellos se almacenan hoy de por vida en los servidores del mundo entero! Para informarte sobre este proyecto puedes consultar el sitio Zero Carbon Email.
Lo digital tiene un impacto en carbono considerable, que no deja de aumentar. Hay que poner por tanto todo en marcha para limitar su impacto al máximo. Todavía se envían demasiados emails a personas que no los leen, sin que su coste medioambiental se tenga en cuenta al preparar las campañas.
Los pocos consejos anteriores no son exhaustivos y merecerán ser completados en el futuro. No dudes en compartirnos tus sugerencias. ¿Quieres ir más lejos y comprender mejor el impacto de lo digital? Te invitamos a leer "En route vers la sobriété numérique" de la ADEME, que resume en 11 páginas los retos que se esconden tras este tema.